Huelas africanas: Nuestra tercera raíz cultural
Crónica del proyecto del grupo Juventud y Sabiduría.
Huellas africanas
en el barrio Francisco Martínez Rico del
municipio de Funza, Cundinamarca.
Aún con la poca brisa que había,
las cadenetas daban la bienvenida al barrio Francisco Martínez Rico, lugar de
asentamiento de la comunidad de palenqueros que se han venido a vivir al
municipio de Funza, ese día se escuchó:
“…nos ha hecho revivir ese 21 de mayo, recordando lo
importante que ha sido para nosotros esta fecha y de la cual nadie le
había dado esa importancia. Resaltando
lo bueno y no lo malo que los demás siempre veían; nos ayudó a crear una nueva
imagen de lo que realmente somos… Fueron las palabras dirigidas al público
afrodescendientes por parte de su líder
al celebrar su día y allí estaban los miembros del grupo de investigación para
saber sobre sus costumbres, actitudes, aplausos.
Alrededor de diez meses atrás, en la biblioteca del colegio y con el
ánimo de organizar todo, de ir definiendo pautas, actividades, construir
conocimiento a partir de la pregunta:
¿Cuáles son los aportes
culturales, gastronómicos y del lenguaje que han realizado los habitantes
afrocolombianos del barrio Francisco Martínez Rico al municipio de Funza? Esa
pregunta ronda siempre cada actividad, desde el comienzo y con la energía de
poder hablar, leer, escuchar y practicar
la herencia africana, los sabores y peinados que van dando un referente
distinto frente a lo que se ha escuchado y conversado, con lo que se encuentra
al ir al lugar, a los sitios en los cuales habitan los afros, estos seres
hermosos llenos de música, de alegría y que se constituyen en la tercera raíz cultural nuestra.
Revisar el atlas de la culturas
afrocolombianas fue la primera
actividad, un relato desde el cual se
puede escuchar la música, una página con fotografías, una expresión artística
que llena de colores el computador al ir leyendo, revisando, conociendo y que
al entablar una comunicación se
comprende entonces todo lo que se vive en el barrio donde se realiza la
investigación.
-Profesor, revisé toda la página,
hay reinas, danzas, y además busqué sobre Funza y los afros, esta todo, es un
lugar lleno de sonrisa.
Pronunció Lina y lo mejor que
agradó es esa metáfora abierta a lo que nos íbamos a encontrar al llegar al lugar
donde se realizaría la investigación, un barrio a la entrada del pueblo, un
sector inaudible en su música, en sus construcciones; lejos de la herencia de San Basilio de Palenque, este
sector es totalmente andino, casas unas
sobre otras, se dice adiós a la paja, al barro, al suelo destapado, pero en sus
viviendas esta la riqueza de lo que queremos investigar, están asomados en las
ventanas, de manera tímida se oye la
música, la champeta esta viva y el aceite preparando la arepa de huevo, el
pescado, el arroz de coco y las manos danzantes para trenzar el cabello es lo que buscamos, es lo
que queremos escribir, allí están sus aportes.
-Allá están los señores
afrodescendientes, vamos a entrevistar y conocer sus aportes- dijo María, con sus dudas, sus ganas de buscar el conocimiento y
saber más sobre ellos, nos llevó a tantos habitantes, fue un domingo para
recolectar y sustentar la pregunta, fue un día de fotografías, la mamá de Lina
estaba preparando el almuerzo y al fondo se escuchaba la canción: la propia
nubecita… todos la tarareaban.
Desde la venta, con las preguntas
en la mano, Karen miraba atenta la actividad de esta semana, las preguntas que
hacía el profesor:
1.
Si
conoce afrocolombianos (pueden ser del colegio o vecinos) pregúnteles qué
aportes creen ellos que le han realizado al municipio de Funza.
2.
Escuche
música afrocolombiana, pueden ser de cantantes de cualquier ritmo y comente
cómo le parece.
Karen dudaba a quién preguntar, cómo
acercarse y era entonces el ánimo para investigar, en el colegio hay varios
chicos afrocolombianos, muchos padres de familia y señoras, mueres que caminan en la calle, pero cómo abordarlos, unas
preguntas existenciales de cuál es la mejor forma de hacerlo, cómo escribir sus
respuestas. En los viajes que ha hecho ella entre Funza y Bogotá siempre hay
descendientes africanos, cómo harán esos aportes, será en dinero, en palabras,
en música, Karen decidió preguntar a una vecina y allí fue cuando encontró la
clave para amar otra cultura, otras formas de entender la comida, los peinados,
las palabras, el vestuario y la sonrisa hermosa de cada negro que se acerca y
simplemente al caminar se nota la alegría de los tambores, de la sabiduría que
aún existe después de la triste diáspora que los trajo América. Pero que hoy
enriquecen el ser de estas tierras, nutren al municipio con sus cualidades y
más con sus aportes que no se centran el sector donde habitan, sino en ambiente
escolar, empresarial, en la gastronomía y es allí donde esta la próxima visita.
Es domingo 26 de abril, son las
ocho de la mañana, parece que va a llover, pero en la casa de la mamá de Lina
nos esperan, todo esta listo, los estudiantes del grupo de investigación han
llegado, huele a pino recién cortado, harina y aceite hirviendo, la señora se
prepara para explicar cada ingrediente, el paso a paso de la comida afrodescendientes,
suena música y todo esta limpio, las niñas se sientan y escriben, la profesora
Nathaly toma las fotografías, es así como comienza el día de las arepas de huevo,
de la conversación sobre el hacer de la
cultura afro en esta zona, sus raíces,
convivencia y cotidianidad en el barrio.
Fueron muchas las preguntas,
desde el peinado, las viviendas, el lenguaje, el vallenato que se escucha, la
herencia de Palenque, la sonrisa, y la comida, donde la señora explicó cada
detalle y los secretos que sus arepas que le han permitido trabajar, compartir
y desayunar para sorprender al esposo y la familia cada semana.
-Esta ha sido una experiencia
donde he perdido el miedo a preguntar, dijo Johana, el día de la evaluación.
-Hay
que bailar para mostrar lo que hemos aprendido o hablamos de la arepa de huevo
o de las palabras nuevas, de los peinados, de las fotos, de qué hablo profesor,
dijo Karina cuando nos presentamos en el encuentro provincial en Madrid,
Cundinamarca.
-Profe… hay otro chico afro que
quiere entrar al proyecto porque le gustan los paseos, la comida, los bailes y
habla más que yo…será que lo invito y la camiseta que sea talla M, pronunció en
su espontaneidad Cristian, un chico que posa siempre y sonríe porque tiene
la esencia afro, lo que son herederos de la música, los que contribuyen para
que este proyecto continúe y que siempre hay aspectos nuevos cuando se llega al
barrio Martínez Rico y hay que sentarse toda una tarde para aprender de nuestra tercera raíz
cultural, huellas de África en América.